ESTRES Y OBESIDAD

LA NUTRICIÓN Y EL EJERCICIO NO LO SON TODO…

Hay otros factores que están implicados directamente con la salud en general, y también con el sobrepeso y la obesidad.

“El estrés en la sociedad moderna aumenta paralelamente lo hace la obesidad. Esto es un hecho”.

El estrés ha aumentado en la mayoría de los países del mundo en los últimos 60 años y ahora afecta a la mayoría de la población.

Existen muchas definiciones de estrés, pero nosotros vamos a optar por la siguiente:

 

“Estrés es la respuesta fisiológica o psicológica que manifiesta un individuo ante un estresor ambiental”.

 

Cualquier demanda, sea física, psicológica, externa o interna, buena o mala, provoca una respuesta biológica del organismo.

 

Esta respuesta lleva a cambios en el organismo. Si estos cambios ocurren con cierta armonía, es decir, si las demandas al organismo son óptimas y la respuesta del mismo son adecuadas al estímulo se habla de eustrés o buen estrés, indispensable para el desarrollo, el funcionamiento del organismo y la adaptación al medio.

 

Si las demandas del medio son excesivas, intensas o prolongadas, aún agradables, y superan la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo, llegamos al distress o mal estrés.

 

No podemos dejar de citar que para la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) el estrés es “el conjunto de reacciones fisiológicas que prepara al organismo para la acción”.

 

Nos queda claro entonces que el estrés es necesario para la adaptación y la mejora en cualquier aspecto de la vida. El problema puede estar en el tipo y cantidad de estrés al que sometemos al cuerpo.

La sociedad actual esta minada de estímulos de diferentes tipos y, aunque no parezca, cada estímulo ofrece a nuestro cerebro información que el mismo debe procesar. Si la información que debemos procesar es excesiva, se producirán cambios en nuestro cuerpo que impactarán en nuestra productividad, rendimiento y salud.

Muchas veces, el distress está asociado con las tareas laborales. Tanta información puede generarnos dudas, angustia, conflicto de nuestro inconsciente, etc. Un examen, un informe laboral, una cita, un éxito inesperado o una frustración real o aparente por expectativas exageradas, pueden provocar cambios cardiovasculares, musculares energéticos, plaquetarios, generando permanentes cambios funcionales en nuestros órganos, con una energía que no se consume y que irá provocando, si el estrés es prolongado, las enfermedades de adaptación o si el mismo es intenso y agudo, claudicación de órganos de acuerdo al estado emocional de cada individuo o tipo de personalidad.

Muchas veces, la mala gestión del tiempo, la multitarea, el exceso de distracciones, un entorno inadecuado son los responsables de ofrecer una demanda excesiva al organismo con su particular respuesta, generando un estrés excesivo con su consecuente frustración o estado emocional desfavorable.

ESTRÉS Y ESTADO DE SALUD:

El estrés crónico se correlaciona con un aumento de peso en general y con la acumulación de tejido adiposo abdominal y visceral. En los individuos obesos, el estrés mental crónico aumenta el riesgo de patologías, y a su vez, la compleja interacción entre los factores ambientales, psicológicos, factores nutricionales, sociales y biológicos sobre el estrés suponen una posible causa de la obesidad.

 

Un trabajo de Geiker et la 2018, lanza una hipótesis curiosa que invita al menos a la reflexión. Veamos de qué se trata.

 

Ellos comentan en su trabajo que, aunque se suelen identificar y asociar ciertos alimentos, bebidas y/o productos alimenticios como factores causales que promueven la obesidad en individuos y poblaciones enteras (por lo que su eliminación de la dieta presenta una solución a la misma), plantean la hipótesis de que estos productos alimenticios agradables, placenteros, hiperpalatables y ricos en carbohidratos y grasas (es decir, productos procesados y ultraprocesados) pueden ser solo mediadores del problema de la obesidad y no

causas per se (aunque es algo recíproco).

 

Plantean que un enfoque única y exclusivamente basado en el consumo de alimentos y bebidas desvía la atención de las posibles soluciones sociales y multifactoriales a la obesidad que pueden resultar eficaces. Debemos saber que el estrés aumenta la atracción hacia la comida basura y aumenta el hambre hedónica (deseo por comida rica al paladar como bollería, ultrapocesados, precocinados, etc.). Por lo tanto, las preferencias y la atracción por este tipo de comida basura se ven influenciadas por la activación cerebral de las áreas de recompensa, la amígdala, el hipocampo y el aumento del cortisol.

La recomendación, desde nuestro punto de vista, es que no solo debes enfocarte en el ejercicio físico y la nutrición (sin mencionar el descanso, que entrará en otro apartado), sino también en los factores estresantes como pueden ser: exceso de trabajo, abuso de uso de tecnología y exposición a pantallas, gestión del tiempo ineficiente, que llevarán a la necesidad de procesar demasiada información, generando un estrés excesivo y agotamiento mental que impacte contra nuestra salud y composición corporal.

Quizás el recuerdo de Hans Selye, “el hombre moderno debe dominar su estrés y aprender a adaptarse, pues de lo contrario se verá condenado al fracaso profesional, a la enfermedad y a la muerte prematura”, sea ahora mejor interpretado.

Atentamente, equipo de Stay Strong.