CALMA VS ANSIEDAD – DE SOBREVIVIR A SUPERVIVIR

UNA NUEVA REFLEXIÓN:

Vas al gimnasio hace rato, pero…

Tenés dolores corporales, estás enemistado con tu cuerpo, dormís mal por la noche, no lográs acomodar tu alimentación, querés ‘adlegazar’, etc, etc, etc.

Se dice por ahí que todo lo que necesitamos para sentirnos felices está delante de nuestras narices, pero esto no parece tan cierto cuando la mentalidad del más se interpone en el camino. Porque ella nos cuenta lo contrario: que la felicidad está un poco más allá de lo que tenemos, de lo que hemos conseguido y de lo que somos. En cuanto ganemos un poco más, logremos un poco más de productividad o estemos un poco más en forma, sentiremos una mayor comodidad y entonces (y solo entonces) creeremos tener tiempo y atención suficientes para disfrutar de los frutos de lo conseguido.

Lo siguiente es una verdad simple:

‘sin tomar en cuenta lo mucho que poseamos, la comodidad, la calma y la felicidad surgirán de saborear las cosas que ya están en nuestra vida, no de intentar conseguir lo que no tenemos’.

¿Y por qué una reflexión acerca de cómo conseguir la felicidad?

Si no lo gestionamos, la vida moderna continuará empeñándose en empujarnos hacia la auto explotación, a través de la mentalidad de logro y la mentalidad del más. Y como mencioné en la reflexión anterior (leerla para continuar con ésta, si aún no lo hiciste https://staystronglp.com.ar/como-estamos-viviendo/), sin darnos cuenta, si no buscamos trabajar más, conseguir más títulos o bienes materiales, buscamos ofrecer estímulos mediante la comida (basura), las redes sociales, los videitos juegos y etc. El problema es el siguiente:

El impacto que todo esto tiene en nuestro organismo.

Al fin de cuenta, luego de tanta reflexión, me gusta la conclusión de que todo se reduce a la relación antagónica entre calma y ansiedad. La vida que llevamos a cabo, ¿promueve calma o ansiedad?

Si promueve ansiedad, nunca alcanzará aquello que tengas.

Si promueve calma, posiblemente encuentres satisfacción en la vida que llevás.

¿Llevamos una vida acorde a nuestras necesidades biológicas o somos peces afuera del agua?

Uno de los mayores superpoderes del ser humano es su capacidad de adaptación y automatización. Nuestros ancestros perfeccionaron esta habilidad para economizar su energía, permitiéndoles enfocar su atención en las amenazas del entorno que ponían en riesgo su supervivencia. Por otro lado, nuestra fisiología posee la asombrosa capacidad de ajustarse a cambios drásticos en el clima, la alimentación, el esfuerzo físico y cualquier fluctuación producida en el entorno, optimizando nuestros recursos internos para garantizar que el organismo prospere, incluso en condiciones adversas.

Sin embargo, el conflicto surge en la vida moderna: hemos logrado automatizar conductas que contradicen nuestra propia naturaleza, generando un impacto negativo a mediano y largo plazo. Nuestra facilidad para adaptarnos a estilos de vida cómodos, especialmente cuando ofrecen placer inmediato, se convierte hoy en una trampa que compromete nuestro bienestar integral.

El motor de esta trampa es nuestro sistema de recompensa, un circuito neuronal diseñado para liberar dopamina ante estímulos que, en el pasado, garantizaban la supervivencia, como el alimento calórico o el ahorro de esfuerzo. En el entorno actual, este sistema se encuentra hiperestimulado por recompensas artificiales y constantes, creando un ciclo de automatización donde el cerebro busca repetir conductas placenteras a corto plazo, ignorando las consecuencias biológicas que estas suponen para nuestro diseño original.

Este sistema se encuentra hoy hiperestimulado por recompensas artificiales, cayendo en lo que conocemos como adaptación hedonista. Este fenómeno psicológico nos empuja a normalizar rápidamente los picos de placer inmediato, obligándonos a buscar estímulos cada vez más intensos para sentir la misma satisfacción.

Esta sobreestimulación constante es, precisamente, lo que añade una fricción invisible pero devastadora al proceso de construir hábitos saludables y productivos.

Cuando nuestro cerebro está adaptado a la gratificación instantánea de la dopamina barata, como el scroll infinito o la comida ultraprocesada, cualquier esfuerzo que requiera paciencia, como mejorar la alimentación o ser constante en el gimnasio, se percibe como una carga insoportable.

Por eso, aunque vayas al gimnasio hace rato, sentís que no avanzás. No es falta de voluntad; es que tu biología está atrapada en un entorno que premia la comodidad mientras castiga tu diseño original, generándote esos dolores, el mal descanso, cierta insatisfacción y esa desconexión con tu propio cuerpo que mencionamos al principio.

El gran peligro del estilo de vida moderno es que nuestra mente racional aprende a normalizar el caos; podemos convencernos de que ‘estamos bien’ mientras lidiamos con el estrés y la sobreestimulación. Sin embargo, aunque la mente intente ignorar la alerta constante, el cuerpo no sabe mentir. La tensión que no se libera se somatiza. > Cuando vivimos en un estado de peligro percibido, el cuerpo se manifiesta a través del dolor crónico, la rigidez, el mal descanso o una profunda insatisfacción que no logramos explicar. Estos síntomas no son fallos de nuestro organismo, sino señales de auxilio de una biología que intenta avisarnos que el sistema está saturado. El cuerpo grita lo que la mente calla.

Es por esto, y mucho más, que insistimos en la necesidad de ‘hackear’ el estilo de vida moderno. Si el entorno actual está diseñado para desequilibrarnos, se vuelve primordial regular y restablecer nuestro sistema de recompensa. Aquí es donde entran en juego los hábitos de calma (mencionados en la entrada de blog anterior). Al implementar dichos hábitos permitimos que nuestros receptores de dopamina se recuperen y, de esta manera, re educar el sistema de recompensa (que es el que nos pide más y más).

¿Cuáles son los hábitos de calma? Que mencionamos en la entrada de blog anterior.

Además del movimiento:

  • Sincronización Circadiana: Exponerte a la luz solar durante el día, principalmente al amanecer (primeros 20 minutos del día). Esto regula el cortisol y la melatonina, enviando una señal de calma y orden a todo tu sistema hormonal.
  • Ayuno de Dopamina Digital (ayuno de estímulos): Establecer “zonas libres de pantallas” (especialmente la primera hora del día y la última antes de dormir). Esto evita que tu cerebro comience o termine el día en un estado de alerta y comparación constante.
  • Contacto con la naturaleza (Grounding o earthing): Caminar descalzo sobre la tierra o simplemente pasar tiempo en entornos naturales.
  • Respiración Funcional: Practicar la respiración nasal y profunda. Es el acceso directo (el “hack” biológico) para activar el sistema nervioso parasimpático y apagar la señal de estrés crónico.
  • Vínculos Reales y Oxitocina: Priorizar el contacto cara a cara y la conexión humana profunda. La oxitocina que liberamos al interactuar de forma genuina actúa como un contrapeso natural al estrés y la ansiedad. Mientras la dopamina moderna nos aísla en la búsqueda de placer individual, la oxitocina nos regula a través de la pertenencia, calmando el sistema nervioso y reduciendo la necesidad compulsiva de estímulos artificiales.

El movimiento y el entrenamiento son claves, pero no podemos buscar resolver todos nuestros problemas adentro del gimnasio. Asistir al gimnasio es el hábito clave, ¿pero qué hacemos cuando no estamos en el gimnasio?

Hay un pilar fundamental y olvidado: la respiración. Y con ella queremos cerrar la entrada de blog de hoy.

En el estado de hiperestimulación y alerta constante que describimos, nuestra respiración se vuelve disfuncional.

¿Qué quiere decir disfuncional?

La vida moderna nos ha empujado a una respiración torácica, rápida y bucal, lo que le indica constantemente a nuestro cerebro que estamos en peligro. Esta respiración de supervivencia mantiene encendido el sistema de estrés, agotando nuestra energía y bloqueando cualquier intento de establecer hábitos saludables.

Optimizar la respiración, priorizando siempre la vía nasal y el uso del diafragma, es el acto de regulación más rápido que existe. Al respirar de forma funcional, no solo oxigenamos mejor cada célula, sino que enviamos un mensaje directo de seguridad al sistema nervioso. Es el interruptor que apaga la ansiedad y enciende la claridad y la calma.

“Al fin de cuentas, invertir en calma es primordial. La vida moderna es ajetreada y a menudo nos empuja hasta nuestros límites mentales. Contar con estrategias para conservar la calma es lo que marca la diferencia; de lo contrario, la ansiedad nos arrastra inevitablemente hacia la enfermedad.

Solo cuando recuperas la calma, recuperas el control. Es momento de dejar de sobrevivir y empezar a supervivir.

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